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Lanzan un sistema para medir las opiniones de los usuarios en blogs y redes sociales

November 26, 2008

me pareció muy interesante!!

El objetivo de esta nueva herramienta es “dar una respuesta a anunciantes, publicistas, empresas y organizaciones

18/09/2008

Madrid. (EUROPA PRESS).- Nielsen Online, compañía especializada en la medición y análisis de audiencias en Internet, ha lanzado al mercado una nueva herramienta capaz de medir cualitativamente las opiniones y contenidos generados por los internautas españoles en los blogs, foros y redes sociales que se extienden por la Red de redes.

 

El nuevo sistema, denominado BuzzMetrics -’buzz’ es como los especialistas se refieren al ‘ruido’ de información creado en la Red- analizará los comentarios vertidos en más de 70 millones de blogs y alrededor de 100.00 comunidades de consumidores on-line.

El objetivo de esta nueva herramienta, que lleva alrededor de 10 años funcionando al otro lado del Atlántico y cerca de año y medio en Reino Unido, es “dar una respuesta a anunciantes, publicistas, empresas y organizaciones, que con el nuevo entorno establecido en Internet tras la irrupción de las web 2.0, venían demandando sistemas de medición capaces de mostrar cómo se sienten los consumidores, de qué hablan, cuáles son sus inquietudes y, sobre todo, qué están comentando sobre los productos o servicios del mercado”.

Así, BuzzMetrics controlará alrededor de tres billones de comentarios que circulan en la Red en tiempo real, ofreciendo informes y análisis cuantitativos y cualitativos de las emociones de los internautas, con el fin de que las empresas puedan reaccionar ante situaciones de crisis, o bien, diseñar y adaptar sus estrategias comerciales a las necesidades de los consumidores.

Un ejemplo de ello son los lanzamientos de nuevas series de televisión de Estados Unidos, en donde las grandes cadenas o ‘networks’ escrutan continuamente las opiniones en la Red cuando presentan los episodios piloto de sus apuestas de temporada y, en ocasiones, cambian aspectos del argumento o de los personajes.

La política estadounidense es otro de los sectores además de la publicidad -especialmente la referente a automoción, farmacia y nuevas tecnologías-, en la que la medición de los ‘post’ comentarios on-line es tenida en cuenta por los analistas. “En España ningún partido lo hace todavía”, afirmó en rueda de prensa el director de Nielsen Online, Gustavo Núñez.

Otra de las características que presenta la nueva herramienta, según Núñez, es su capacidad para detectar a los líderes de opinión. En este sentido, añadió que el hecho de que surjan tantos comentarios continuamente “es lo que la medición de opiniones cobre sentido”.

De acuerdo con lo datos manejados por la compañía, más de 30 millones de consumidores españoles son internautas activos, de los cuales nueve millones (un 44 por ciento) crean con asiduidad contenidos on-line o manifiestan sus opiniones a través de Internet.

Tanto es así, que el 26 por ciento de los primeros resultados de búsquedas sobre algunas de las mayores compañías del mundo. Asimismo, a partir de un estudio realizado por la consultora en un total de 47 países muestra que las fuentes de información de producto más fiables de acuerdo con los consumidores son, por este orden, las opiniones de otros usuarios (78%), los periódicos (63%) y los comentarios de los internautas, que representan el 61 por ciento.

La autocomunicación de masas, por Manuel Castells

November 17, 2008

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico

Mannuel CastellsManuel Castells hace una honda reflexión sobre la comunicación a través de Internet. “La individualización del consumo de comunicación también se expresa en la competencia creciente de Internet tanto a la prensa como a la televisión. Las encuestas en todos los países (incluida la de nuestro Projecte Internet Catalunya) muestran que los jóvenes disminuyen su consumo de televisión y de prensa impresa en favor de Internet.”

 

La autocomunicación de masas

 

Por Manuel Castells

 

Yo disfruto de un extraordinario privilegio. Tengo la posibilidad de dirigirme a usted desde un diario de prestigio. Pienso, luego público. Mientras que a usted sólo le queda el recurso de pasar la página para no soportar mis monsergas. La comunicación de masas, la que llega al conjunto de la sociedad, se caracteriza por ser un flujo unidireccional. Y, además, controlado por las organizaciones, públicas o privadas, reguladas como medios de comunicación. En esa comunicación regulada y controlada, aun con respeto a la libertad de expresión, reside el fundamento del poder político y de la percepción colectiva. La comunicación de masas es el espacio en donde se difunden los valores y creencias a partir de los cuales vivimos. Esa comunicación está reservada a los profesionales de la comunicación y a los diversos emisores de información y de opinión a quienes se concede acceso. Y todo esto no se refiere sólo a la prensa, sino a la televisión, a la radio, al cine, a la música y a toda expresión pública de la siempre inquieta mente humana.

Ese mundo unidireccional de comunicación de masas está siendo puesto en cuestión por el desarrollo simultáneo de una cultura de la libertad individual y de las tecnologías de comunicación digital. Así, mientras los grandes grupos de comunicación españoles se pelean a muerte en estos momentos por las licencias de los últimos canales analógicos de televisión antes del paso total a la televisión digital en el 2010, no se aperciben que tiembla bajo sus pies el suelo en el que estuvieron asentados desde que existen: el reparto entre unas pocas empresas del control de una comunicación unidireccional. La gente se está montando sus propios sistemas de información y de comunicación y en ese proceso se van generando nuevas formas de relación mediática y nuevas oportunidades empresariales. Veamos cómo.

Empecemos por los blogs. Como es sabido, son publicaciones personales que cada uno puede hacer en Internet, instalando el Weblog en menos de media hora, mediante un sencillo sistema proporcionado gratis o a muy bajo costo por alguno de los servicios que existen en la red (Blogger, por ejemplo). No hay control de contenidos, naturalmente, aparte de los límites legales a la libertad de expresión. ¿Su audiencia? Entre uno (el autor) y 800 millones (los usuarios de Internet en el mundo). En España los internautas son un 35% de la población, pero más del 70% entre los menores de 30 años. En Estados Unidos hay nueve millones de blogs y se crean 40.000 diariamente. En Francia, hay dos millones de blogs. En España, aunque no hay datos fiables, ocurre algo parecido, naturalmente entre los jóvenes. Los blogs nacen y mueren a gran velocidad. Hay de todo tipo. La mayoría, expresiones personales de vivencia cotidiana. Pero también los hay informativos, políticos, ideológicos, sexuales, profesionales, domésticos, perversos, literarios, religiosos y, cada vez más, comerciales, puesto que las empresas de publicidad se han dado cuenta del potencial comunicativo de personalización contenido en los blogs. Los blogs, además, se vinculan entre ellos o con sitios de Internet que les parecen interesantes a sus autores. Cada blog es una entrada al universo de la red a partir de la experiencia de quién lo pública.

Algo así pasa con el nuevo fenómeno que se extiende por el mundo: el podcast (derivado de iPod). Mediante suscripción a webs que distribuyen programas de radio, se pueden recibir en el ordenador ficheros de audio que pueden distribuirse a través de iPod y otros equivalentes. Además, es posible grabar su propio programa de radio, o una mezcla original de distintas fuentes, hacer un archivo MP3 y difundir el resultado en la red, con la ayuda de instrucciones disponibles en la red, por ejemplo en ipodder.org. El resultado es una miríada de programas musicales y de radio autogenerados y que, frecuentemente, como los bloggers, se vinculan entre ellos. Es una práctica iniciada hace menos de un año, que hoy día cuenta con miles de programas y con casi un millón de ficheros. Muy poco en comparación con el intercambio de ficheros musicales que se practica por millones entre ordenadores, utilizando programas de peer-to-peer como Kazaa o Morfeus, pero significativo porque no sólo se comparte lo que se baja de la red, sino que se crean contenidos para compartirlos. El siguiente paso, aún embrionario, es la producción de contenido visual mediante la producción, mezcla y manipulación de DVD. Con el desarrollo de la banda ancha, tecnologías como Real Networks permiten difundir en Internet vídeo de calidad DVD a 1,5 Mbps.

Al tiempo que se autonomiza la producción mediática, se individualiza el consumo de los medios de comunicación. Lo más importante es la rápida difusión del vídeo digital, internacionalmente conocido como TiVo, por la marca pionera que lo popularizó. Uno de sus equivalentes en España se llama In/Out (cuesta unos 300 euros). Se trata de un ordenador que permite grabar programas en un archivo digital de gran capacidad para su visión en tiempo escogido y con posibilidad de editar su contenido. En algunos modelos se puede eliminar la publicidad en el momento de la visión, lo que hace el 70% de los usuarios. El vídeo digital está ya en 7% de los hogares de Estados Unidos e Inglaterra y la proyección al 2010 es que superará el 30% de los hogares, siendo su difusión mucho mayor en los hogares de nivel alto, los más apetitosos para la publicidad. Puesto que la publicidad es la principal fuente de financiación de la televisión, el modelo de negocio de la industria televisiva en Estados Unidos ya está cambiando, en previsión del momento en que pierda buena parte de su capacidad de soporte publicitario. Tanto más cuanto que la televisión en abierto sufre la competencia creciente de la televisión de pago por visión. Lo que era una simple posibilidad tecnológica y comercial hace unos años, ahora ya es una realidad: el pago por visión de un amplio catálogo de vídeo a la demanda, controlado por ordenador y recibido por Internet de banda ancha (algo que en España ya funciona en un servicio de Telefónica). Aún falta la generalización de la banda ancha, pero teniendo en cuenta su rápida progresión, a muy corto plazo puede asegurarse que la IPTV (televisión controlada por Internet) constituirá una parte esencial del mercado audiovisual. Un sistema IPTV (por ejemplo el Media Center desarrollado por Intel y Microsoft) combina un ordenador, un vídeo digital y un servidor en un mismo aparato, de forma que cualquier fichero audiovisual puede ser solicitado, facturado y distribuido (inclusive por comunicación móvil) a cualquier aparato de recepción en la casa o en cualquier lugar. La generalización de IPTV podría ser el fin de la televisión abierta y de su modelo de negocio. A ello se añade la creciente capacidad de productores y creadores para utilizar el satélite para la emisión directa por suscripción de programas de radio, musicales y de televisión, desintermediando los medios de comunicación actuales.

La individualización del consumo de comunicación también se expresa en la competencia creciente de internet tanto a la prensa como a la televisión. Las encuestas en todos los países (incluida la de nuestro Projecte Internet Catalunya) muestran que los jóvenes disminuyen su consumo de televisión y de prensa impresa en favor de internet. Utilizan internet, entre otras cosas, para informarse y para difundir la información que les interesa entre sus redes afines. Lo cual no implica el fin de los periódicos, porque lo esencial en un universo infinito de información es la credibilidad de la fuente. Pero la lectura de periódicos se hace cada vez más por internet. Y se prefieren naturalmente medios de comunicación por los que no hay que pagar, aunque haya que registrarse. De ahí la idea de financiar la comunicación por publicidad en internet. Una idea difícil de poner en práctica. Porque internet es un medio interactivo de comunicación y la publicidad intrusiva provoca rechazo. La publicidad en internet es esencial hoy día, pero de forma indirecta: los consumidores cada vez más consultan en internet y comparan precios y calidades antes de comprar. Pero luego suelen comprar presencialmente, por la percepción de inseguridad de la red y por motivos psicológicos. Por tanto, la oferta comercial tiene que estar en la red, pero se encuentra por buscador o por publicidades enfocadas a ciertas audiencias, más que por publicidad genérica que se impone al internauta. Aquí también, el modelo de negocio mediático tiene que cambiar, porque la forma de la publicidad cambia con el medio Internet.

Éste es el mundo de comunicación en el que estamos entrando de la mano de los jóvenes que prefiguran el futuro en su práctica. Para bien o para mal, según quién opine. Un mundo en que igual le tendré que leer yo a usted que usted a mí. A menos que nos leamos sólo a nosotros mismos, en una especie de autismo digital generalizado.

presentacion castells en annenberg

November 17, 2008

vean a partir del minuto 5!

http://www.youtube.com/watch?v=qrOABiFUd0g&feature=related

 

The Internet and Society

proyectos en los que participa la ONG Bienes Comunes en el contexto nacional, regional e internacional

November 3, 2008

Proyectos

Licencias Abiertas / Libres: La ONG Bienes Comunes colabora con Creative Commons (San Francisco, Estados Unidos de Norteamérica), Creative Commons International (Berlín, Alemania), iCommons (Londres, Reino Unido) y el líder de Creative Commons Argentina, Ariel Vercelli, en el desarrollo de la segunda fase de Creative Commons en la Argentina. La Fundación OSDE (Buenos Aires, Argentina) dió apoyo para la primera fase del proyecto y desde 2005 la ONG Bienes Comunes lleva adelante el proyecto de licencias en la Argentina. La ONG Bienes Comunes también está incubando otros proyectos sobre licencias libres y abiertas en el contexto de América Latina.

Aprender la Libertad [ALL]: Es el proyecto de la ONG Bienes Comunes dedicado al análisis e investigación de la educación abierta / libre en la era digital. Puntualmente, el proyecto se centra en el diseño de los entornos educativos y en la producción colaborativa de contenidos educativos para América Latina.

Librecultura: es un espacio de análisis, discusión y producción colaborativa de conocimientos para la liberación de la cultura en todas sus formas. Como tal, es un espacio político que forma parte del movimiento global que protege la libertad de expresión, la libre circulación de la información, el desarrollo de las artes, la diversidad cultural en todas sus formas y el libre e igualitario acceso al conocimiento.

Negocios Abiertos [NA]: es una plataforma que invita a compartir ideas, iniciativas y formas abiertas de hacer negocios bajo la lógica de la producción colaborativa del valor. Se orienta a desarrollar los conocimientos y herramientas necesarias para fomentar la creación, la innovación y la realización del espíritu emprendedor. Participa del análisis, experimentación y desarrollo de ‘modelos de negocios abiertos’ para diferentes industrias a nivel global.

Inclusión Digital / KADO: es el proyecto de la ONG Bienes Comunes dedicado a las mejores formas de reducir y superar la brecha digital en Argentina y América Latina. El proyecto es desarrollado gracias a la colaboración de la “Agencia Coreana para las Oportunidades Digitales” [KADO - Korean Agency for Digital Opportunities]. La ONG Bienes Comunes está interesada en la exploración, investigación, diseño y producción de conocimiento y tecnologías orientadas hacia los bienes comunes que permitan políticas públicas de carácter inclusivo para superar las brechas sociales y digitales.

Plataforma de Cursos Abiertos de América Latina [PCAAL]: nace en 2007 como espacio de análisis e investigación sobre educación abierta, producción colaborativa y acceso abierto a obras intelectuales en la era digital. Fue iniciada por la ONG Bienes Comunes y FLACSO Argentina. La PCAAL está basada en la idea del acceso abierto al conocimiento humano y su objetivo principal es reunir las universidades y casas de altos estudios de América Latina que ofrecen acceso abierto de sus contenidos educativos bajo la modalidad de los ‘Cursos Abiertos’.

La ONG Bienes Comunes también está incubando otros proyectos orientados a producir conocimiento libre sobre bienes intelectuales, biológicos o materiales que tengan un carácter común. Las instituciones, profesionales y voluntarios que estén interesados en colaborar con estos proyectos le pedimos que por favor se contacten a través de nuestro formulario.

sitio de la ONG Bienes Comunes

November 3, 2008
Bienes Comunes es una organización no/neo gubernamental (ONG) sin fines de lucro, fundada en el 2005 y ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Está formada por personas interesadas en la investigación, promoción, regulación y protección de los bienes comunes de nuestras sociedades.

Creative Commons Argentina

 

Desde comienzos de 2005 la ONG Bienes Comunes colabora con Creative Commons (San Francisco, Estados Unidos de Norteamérica), Creative Commons International (Berlín, Alemania), iCommons (Londres, Reino Unido, Sudáfrica) y el líder de Creative Commons Argentina, Ariel Vercelli, en el desarrollo de la segunda fase de Creative Commons en la Argentina. La Fundación OSDE (Buenos Aires, Argentina) dió apoyo para la primera fase del proyecto y desde 2005 la ONG Bienes Comunes lleva adelante el proyecto de licencias en la Argentina.

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El 1 de octubre de 2005 se lanzaron las licencias Creative Commons para la Argentina (ver video del lanzamiento). Con la fiesta de lanzamiento se clausuró la primera fase del proyecto, pero también se inició la segunda etapa del Capítulo Argentino.

 

 

La segunda fase tiene por objeto dar continuidad al capítulo local, enlazar diferentes actores interesados en el uso de las licencias y, sobre todo, trabajar sobre el armado de una comunidad a nivel local. Durante estos años la ONG Bienes Comunes ha ido trabajando en diferentes proyectos que hacen un uso intensivo de las licencias Creative Commons. Los más avanzados son los proyecto de Librecultura, Aprender la Libertad y Negocios Abiertos. Sin embargo, la ONG también viene colaborando con otras instituciones del ámbito público o privado y con empresas y universidades para la implementación de las licencias.

Durante 2006 y 2007 Ariel Vercelli, Presidente de la ONG Bienes Comunes y Líder de Creative Commons en la Argentina, ha participado en diferentes eventos a nivel local, regional e internacional. Ha dado conferencias y otras presentaciones en Argentina, Brasil, México, Colombia, Uruguay, Estados Unidos, Alemania, Croacia. Ha sido invitado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual a presentar Creative Commons en América Latina y fue invitado por el Foro de Gobierno de Internet de Naciones Unidas y la Universidad de Yale a presentar Creative Commons Learn.

Asimismo, desde mediados de 2007 la ONG Bienes Comunes viene colaborando con FLACSO Virtual en diversas investigaciones e iniciativas sobre la producción colaborativa de contenidos educativos y la liberación de obras intelectuales bajo las licencias abiertas / libres de Creative Commons Argentina. Así, Bienes Comunes ha contribuido a que FLACSO Virtual sea la primera institución de enseñanza superior de excelencia que plantea un plan de investigación, implementación y uso intensivo de este tipo de licencias en América Latina.

Puede encontrar más información sobre Creative Commons en la Argentina en la lista de distribución del proyecto. Si usted es parte de una organización o institución de América Latina que desea implementar las licencias Creative Commons no dude en contactarnos.

no aporta nada nuevo pero es gracioso para ver!

November 3, 2008

Creative Commons y cultura libre.Una legislación insensata

November 3, 2008

Noviembre 1, 2008

Como parte de un coloquio sobre “creatividad e innovación en la cultura digital”, propiciado por la revista española de comunicación “Telos”, ponemos a disposición de ustedes la ponencia de  Larry Lessig, Catedrático de Derecho Constitucional y fundador de Creative Commons, Stanford University.

El resurgir de la cultura activa, de lectura-escritura, que habíamos perdido, nos conduce a una nueva alfabetización. La ley del copyright, incapaz de adaptarse al cambio tecnológico, pretende frenar ese proceso. La ley ha tergiversado algunos de los procesos que vemos hoy en día que relacionan la tecnología y la cultura, así como la tecnología y la propia ley. Comienzo analizando las relaciones entre tecnología y cultura.

En el mundo desarrollado, se ha extendido el modelo de cómo entendemos nuestra relación con la cultura. En 1906, John Philip Sousa asistió al Congreso de los Estados Unidos para hablar sobre la tecnología que él denominaba ‘máquinas parlantes’. Sousa no era aficionado a ellas y comentó que dichas máquinas echarían a perder el desarrollo artístico de la música en su país. Asimismo, dijo: «cuando era niño, los jóvenes se agrupaban para cantar delante de sus casas canciones del momento o antiguas. Ahora, lo que se escucha son esas máquinas endemoniadas a todas horas. Nuestras cuerdas vocales se van a estropear y acabarán por desaparecer a medida que evolucionamos, al igual que sucedió con el rabo en el caso de los primates al evolucionar hacia seres humanos».

Me gustaría centrar la atención en una imagen de jóvenes cantando canciones antiguas o de su época, que puede considerarse como una fotografía cultural. A partir de estos momentos, la denominaremos con terminología moderna procedente del campo de la informática, esto es, una especie de cultura de lectura-escritura (R-W Culture) en el sentido de que la gente participa en la creación y recreación de su cultura. La creación en dicha cultura también era democrática, es decir, se ha extendido a otras culturas.

En el año 1870, esta cultura estaba fuera del alcance de las personas que vivían en pueblos pequeños. Casi toda la humanidad está capacitada para hacer las mismas cosas, ya sea tocar el piano o el violín. Lo que Sousa temía era que el ser humano, como cultura, perdiese esa capacidad debido a la aparición de estas máquinas infernales, las cuales fomentarían la pérdida de la creatividad haciendo resurgir en nosotros lo contrario a la cultura de lectura-escritura, que pasaría a denominarse, empleando una vez más terminología informática, una cultura de sólo lectura (R Culture), en la que se consume creatividad pero en la que el consumidor no crea, dando como resultado una cultura de arriba a abajo.

Si volvemos al siglo XX, nos damos cuenta de que Sousa tiene razón, al menos en el mundo desarrollado, porque nunca tanta creatividad se ha visto desplazada en la historia de la cultura humana por estas máquinas infernales debido a los motivos que comentaba Sousa. El siglo XX en mi país fue el siglo en el que la práctica de esa creatividad de lectura-escritura se vio desplazada por la cultura de sólo lectura, dejando de ser democrática en el estricto sentido de que sólo unos pocos podían producir importantes formas de cultura como el cine o la música. En general, las personas no saben producir una película o regrabar sonido en una pista de un disco. Ahora, en nuestro siglo recién estrenado, podemos ver el resurgir de la cultura de lectura-escritura del siglo XIX.

Como ejemplo de esta creatividad, se pueden citar algunos vídeos musicales japoneses (Animes o AMV) que muestran en pantalla dibujos japoneses muy populares en la cultura de los jóvenes. Estos vídeos se producen utilizando los dibujos japoneses, reeditándolos y asignándoles una pista musical. La ‘única’ creatividad en este caso consiste en sincronizar el arte con la música.

A los creadores de estos vídeos se les puede llamar re-creadores. Se tarda aproximadamente 300 ó 400 horas en crear estos vídeos y hay miles y miles de ellos en todo el mundo, especialmente en EEUU. En ellos se mezclan culturas y se comparten sin fines comerciales. Sin embargo, los vídeos japoneses animes no son los únicos que recurren a la tecnología digital. Existen muchos ejemplos conocidos en el campo musical, como es el caso del White Album de los Beattles, que inspiró al Black Album de Jay-Z que, a su vez, inspiró el Grey Album de DJ Danger Mouse, que literalmente sintetiza los dos álbumes primeros para producir algo gris. En el día a día, vemos cada vez más conversaciones de vídeos colgados en YouTube y usuarios que hacen parodias de dichos vídeos.

Si tomamos como ejemplo un vídeo de ‘Dove’, extracto de una campaña muy popular que se extendió por toda la Web y por YouTube, observamos que se han producido otras diez o quince mezclas de este tipo extendiéndose entre millones de usuarios de la comunidad YouTube. Quizá, lo más popular durante los próximos años sea el remix (nueva mezcla) en el contexto político.

Este ejemplo y el de otros vídeos políticos hacen alusión a la cultura digital de lectura-escritura. Lo importante de esta creatividad no son las técnicas, puesto que éstas han estado al alcance de los cineastas o de las productoras de televisión desde el comienzo de los medios de comunicación. Lo importante es, una vez más, que las técnicas de creatividad se han democratizado y que cualquiera con un ordenador de 1.500 dólares puede seleccionar esos sonidos e imágenes y volverlos a mezclar de forma que comuniquen los mismos mensajes, aunque de manera diferente a como lo harían las instituciones tradicionales relacionadas con los medios de comunicación o con la cultura.

La ley ante la tecnología

 Estas herramientas de creatividad también nos conducen a una nueva alfabetización para el futuro. En estos tres últimos siglos, el hombre ha sido testigo de la relación entre las tecnologías y las culturas cambiantes, y este cambio ha democratizado la cultura, ya que casi todos tenemos acceso a las diversas formas de expresión.

Pensemos ahora en un ejemplo paralelo en el contexto de la tecnología y la ley. La ley, a través de la historia, ha adaptado sus principios a las tecnologías cambiantes. Esta adaptación, en la gran mayoría de los casos, es bastante sensata. Por ejemplo, se puede pensar en la ley que regula la intimidación. Si toco a alguien de forma directa o indirecta (un choque con un coche, por ejemplo), ambos casos constituyen un delito de intimidación. Ahora bien, ¿cómo se adapta la ley a medida que se descubren nuevas formas de contacto?

Pongamos el ejemplo de tocar por medio de fotones. Los seres humanos, como partículas que somos, sabemos describir la luz, pero, cuando está claro que nos referimos a la partícula en sí, ¿se considera intimidación cuando diriges un fotón a alguien que no quiere dejarse ver?

En este sentido, la ley propuso que sería ridículo considerar que se comete intimidación en el contexto de que alguien enfoque a otro individuo con una linterna. La ley se adapta de forma sensata al mundo físico que nos rodea, que es el segundo ejemplo que voy a dar.

La ley regula o protege la propiedad privada mediante la ‘Ley de Allanamiento de Morada’. Si nos guiamos por la Ley de Lord Blackstone, ley por la que se han ido apoyando las leyes anglosajonas, la ‘Ley de Allanamiento de Morada’ protegía todo el terreno hasta una extensión indefinida hacia arriba. Era algo bastante sensato hasta que aparecieron las nuevas tecnologías, como es el caso de los aviones.

Surgió entonces la duda de si con el avance de la tecnología se allana la propiedad privada al volar por encima de ésta; como respuesta a esta cuestión, comentaré que en 1945 los dueños de una granja de pollos, Thomas Lee y Tinie Causby, se quejaron porque los aviones militares que sobrevolaban su granja molestaban a los pollos cada vez que aterrizaban en una base militar próxima a la granja. Los pollos revoloteaban y se chocaban contra las paredes, por lo que resultaban perjudicados. La Corte Suprema tuvo que decidir si realmente los aviones estaban cometiendo el delito de allanamiento, basándose en las viejas doctrinas inspiradas en la Ley de Lord Blackstone.

El juez Douglas, uno de los jueces más prestigiosos en la historia del Tribunal Supremo americano, rechazó el argumento, cuyos orígenes se basaban en la ley de Lord Blackstone, considerado como el ‘Dios de la Ley americana’. El juez Douglas escribió, finalmente, que «la doctrina de Blackstone no tiene sentido en el mundo moderno. De lo contrario, cada vez que volase un vuelo transcontinental estaría sometido a continuas demandas por allanamiento. No podemos permitirlo porque el sentido común se rebela ante esta idea». Una vez más, los principios de ley en los que se basaba la Ley americana se desmoronaron debido al sentido común, respondiendo de forma sensata a la evolución de la tecnología.

Pasemos al tercer ejemplo: derechos de autor o copyright. Son muchos los que asocian este concepto con copiar; pero a lo largo de la historia, los derechos de autor o copyright difieren completamente de copiar, por lo que no implica violación de derechos de autor. Lo que se hacía era publicar o volver a publicar el trabajo de otro.

Pero a principios del siglo XX se modificó la ley, y cuando se hablaba de copiar no importaba, porque se hacía con máquinas muy caras y, además, no eran muy comunes en la sociedad, como las máquinas de las imprentas. Los editores, las compañías discográficas y las productoras cinematográficas copiaban, mientras que los ciudadanos de a pie, no. En 1994, la ley del copyright no se aplicaba al consumidor normal, por lo que estas personas podrían vivir sin preocuparse por los derechos de autor, ya que apuntaban a una actividad comercial.

Copyright y tecnología digital

La tecnología digital ha dado un giro de 180 grados a todo esto, puesto que, en el mundo digital, el uso de cualquier trabajo creativo técnicamente produce una copia. No podemos leer un libro en el ordenador sin que se produzca una copia en la memoria. En teoría, estaríamos infringiendo la ley de derechos de autor cada vez que usamos la cultura.

Volviendo a los ejemplos anteriores, si cada vez que alumbramos a alguien con una linterna o cada vez que sobrevolamos una propiedad privada implica cometer un delito de intimidación y allanamiento, respectivamente, por la misma regla de tres, cada vez que copiamos en el contexto mencionado anteriormente, ¿significa que estamos infringiendo la ley de derechos de autor?

En este caso, la respuesta por parte de la ley no fue muy sensata, como sucedió con los dos primeros ejemplos al afirmar que, en este último caso, existe una violación de los derechos de autor bajo las circunstancias mencionadas anteriormente. Cada uso o acceso a cualquier obra creativa infringe la ley de derechos de autor, lo que significa que es necesario recurrir a permisos, licencias, exenciones.

En este sentido, la respuesta de la ley es toda una locura. ¿Por qué una locura? Porque existe una estrecha relación entre el dinero y los abogados; dinero, puesto que es un interés ejercido por parte de los dueños de los derechos de autor y de los abogados que defienden una política de control. Los reguladores de la ley de derechos de autor, tanto en Europa como en EEUU, pretenden crear una sola ley cultural de copyright que se aplique a todo aquello que englobe cultura, ya sea la educación, el diseño, la ciencia, la investigación o los chicos agrupados delante de las casas cantando canciones del momento o antiguas. Todo está regulado del mismo modo que la producción cultural de Hollywood.

Antes de la era digital, no se regulaba ninguna de esas actividades pero ahora sí, ¿quién lo decidió? La tecnología digital y los intereses surgidos favorecieron dicha expansión. Asimismo, hay una cierta mentalidad asociada a la gente que se deshace de lo que le da de comer, como por ejemplo, un famoso colegio de arquitectura que quiere deshacerse de los arquitectos. Yo soy profesor de Derecho y me gustaría echar alguna peste sobre los abogados. Se les entrena para adquirir una mentalidad particular de control en el sentido de que yo, como abogado que soy o mi cliente a través de mí, pueda ejercer el control de todo lo que sucede en el mundo exterior.

Una vez estaba hablando con un grupo de abogados y uno de ellos -pensé que estaba sufriendo una crisis nerviosa- empezó a chillarme diciendo que si no tenían el control no habría incentivos para crear y que necesitaban disponer de su totalidad. En el año 2000, mi pregunta era si ocurriría lo mismo en el caso de los artistas, queriendo acaparar todo el control porque si no sería imposible producir.

Resultó ser un poco ascético porque mis colegas y yo nos fijamos en lo que hacían los artistas y nos dimos cuenta de que no existía dicha preocupación. Entonces, pusimos en marcha un proyecto denominado Creative Commons, que ofrecía a los autores la manera de expresar su creatividad. Era una manera muy sencilla para los autores de marcar su contenido con las libertades que deseaban establecer, lo que significa que pasamos del ‘todos los derechos reservados’, sin importar lo que se vaya a hacer con el contenido, a ‘algunos derechos reservados’. Algunos autores señalan libremente el contenido de sus obras con este tipo de licencia.

En estos momentos, el número de proyectos que hacen uso de esta licencia asciende a más de 70. A medida que los países han ido adoptando este tipo de licencia, ‘algunos derechos reservados’, hemos sido testigos de una explosión del crecimiento en la adopción de este tipo de licencias. En un año, se consiguieron aproximadamente un millón; en un año y medio, 1,8 millones; en dos años, el número de licencias ascendió a 4 millones; en dos años y medio, fueron 12 millones; en tres años, 45 millones y, en tres años y medio, habrá 140 millones de objetos en la Web bajo la licencia de Creative Commons. Ésta es la dinámica que persigue el proyecto.

Nos preguntamos por qué adoptamos dichas licencias. En primer lugar, por la necesidad de indicar algo en cuanto a la ley de derechos de autor. Más que creer en el modelo de ‘todos los derechos reservados’ o el de ‘ningún derecho respetado’, el Creative Commons aboga por un equilibrio, y lo demuestra explícitamente a la hora de adoptar estas licencias.

En segundo lugar, permitiendo cierto perfil creativo que de otra forma no sería posible, debido a las leyes sobre los derechos de autor. Por ejemplo, en EEUU existe un movimiento por el que los debates presidenciales se hacen públicos de manera que la gente pueda amoldarlos como desee. Esto es digno de subrayar, puesto que la persona puede volver a editar los vídeos presidenciales sin preocuparse bajo qué tipo de licencia se encuentran.

Por otro lado, existen muchas instituciones que no permiten que los usuarios realicen estas reediciones, a menos que las normas sean claras. Por lo tanto, colegios, universidades y compañías como YouTube no permiten que se transmita el contenido de un trabajo, siempre que exista incertidumbre acerca del tipo de licencia del mismo. Es esencial asignar licencias a los contenidos de las obras, lo que permitirá un posterior uso apropiado de las mismas.

Personalmente, creo que lo fundamental es acabar con el estigma de delincuencia en este tipo de actividad. Según Jack Valenti, en EEUU se viven las guerras de los derechos de autor como si se tratase de una especie de ‘terrorismo’. Supuestamente, los terroristas en esta guerra son nuestros hijos. Si pensamos en los efectos de este tipo de retórica sobre nuestra propia cultura y vemos lo que son capaces de hacer los niños con la tecnología que existe hoy en día, lo que debemos saber es que es imposible acabar con este tipo de creatividad, como cultura que es. Sólo podemos penalizarlo.

No podemos ni debemos acabar con este tipo de creatividad ni obligar a los niños a ser entes pasivos, sólo convertirles en ‘piratas’. ¿Acaso sería correcto tachar a nuestros hijos de delincuentes? En América, vivimos en una especie de era de prohibiciones en muchos aspectos. Vivimos actuando constantemente en contra de la ley y nuestros hijos, más aún.

El hecho de reconocer que lo que uno hace constituye un delito corrupto es perjudicial. Debemos centrarnos en el concepto de democracia y, de este modo, hacer algo mejor que penalizar estos actos; si no lo hacemos por la industria de la creatividad, por lo menos, hagámoslo por los más jóvenes.
Coloquio: Frenos para una nueva cultura

MANUEL CASTELLS

Planteo una pregunta para Larry Lessig: ¿en qué medida afectan las barreras legales y la actitud agresiva por parte de las asociaciones de derecho de autor? En España es bastante llamativo y puede que no lo sepa, pero existe la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), un grupo de presión tan fuerte que lo compararía con lo que es la Asociación Nacional del Rifle (NRA), en EEUU. La prueba reside en que en el Parlamento español existen roces y a veces los parlamentarios están al borde de las manos. Sin embargo, se aprobó la famosa Ley del Canon, que imponía el pago de impuestos a cualquier máquina que reprodujese lo que fuera, ya que, como todos somos piratas, debemos pagar impuestos de todas formas con el fin de prevenir esa piratería, por lo que habría que pagar a los diferentes autores a través de la SGAE.

Esta Ley del Canon otorgó a la SGAE el derecho de recaudar los impuestos directamente de las tiendas, como si de una delegación de gobierno se tratase. Esta ley fue votada de manera unánime por el Parlamento español dividido. La razón es muy sencilla: la SGAE controla a algunos artistas que son claves para atraer a la gente, especialmente a los jóvenes para que votasen, ya que en España cada vez se votaba menos.

El Ministerio de Cultura, independientemente del partido que gobierne, es el líder del lobby de este tipo de asociación. Para justificar la campaña del canon, el presidente de la asociación declaró que el 99 por ciento de la música que la gente escucha en España se descarga de forma ilegal. La respuesta lógica habría sido cambiar el modelo de negocio, sin embargo, la reacción fue obligar a pagar a la gente y olvidarse de cambiar el modelo de negocio. Éste es un ejemplo, pero estoy seguro de que existen cientos de ellos. Por lo tanto, mi pregunta es: ¿en qué medida estas presiones legales e institucionales afectan a la creatividad y al comportamiento de las personas, especialmente en el ámbito de la música y el cine?

LARRY LESSIG

Resulta curioso cómo Europa ha adoptado las peores opciones en cuanto a normas de derechos de autor. Se puede plasmar lo que mi colega Terry Fisher de Harvard sugiere. Por un lado, se puede crear un sistema por el que se imponga el pago de impuestos de la manera más eficaz posible, aunque no creo que éste sea el caso para los aparatos. Se puede pagar a los creadores y, posteriormente, gozar del derecho a copiar libremente lo que uno desee y no usar los sistemas tecnológicos de bloqueo deliberado. En EEUU no se impone este canon, pero existe tecnología que impide copiar a la gente.

La otra solución que se puede adoptar es ser fiel al modelo de EEUU, en el que imponen muy pocos de estos impuestos, pero sí hay controles tecnológicos que limitan el número de copias. En España se ha adoptado ambos sistemas simultáneamente. Se paga por copiar, pero no existe el derecho de producir copias. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente que se está pagando los derechos de autor por partida doble, algo que no tiene sentido.

En España existe una corrupción en el funcionamiento del sistema político y no me refiero a corrupción en el sentido de ‘soborno’ ni nada por el estilo. El sistema americano se hace corrupto en cuanto a que el único modo de permanecer en el Congreso es mediante recaudación de dinero durante las elecciones, el cual sólo se consigue entreteniendo a la gente que va a aportar dinero.

Cuando me dirigí a los congresistas, sentí que no estaban en desacuerdo conmigo, ya que no conocían la otra postura del debate. Es un asunto tan retorcido que ni siquiera ven que existe un término intermedio entre apoyar el copyright o ser pirata. Por eso, gente como Gilberto Gil que, como músico sigue apoyando una alternativa a una posición que no necesariamente significa supresión del copyright, es clave en este debate.

Su interrogante era que hasta qué punto las instituciones influyen en el comportamiento de las personas. Creo que ésta es la parte más complicada de toda esta historia. Partimos de que el comportamiento de los jóvenes no cambia. El continuo intercambio de ficheros en el campo musical es desbordante y mucho mayor que la música que se vende anualmente. Un 60 por ciento del uso de Internet es básicamente descargas de música o películas, lo que prueba que la legislación no afecta a los jóvenes. No obstante, sí que tiene efecto en las instituciones que educan a los niños.

Si enseñamos a las personas a pensar que no se trata de un acto ilegal, sino de un tipo de creatividad como los que les acabo de enseñar, todo lo que le distingue a esta creatividad es el hecho de que nunca verá un colegio o una universidad americana que enseñen a los jóvenes cómo hacerlo. Si así fuera, tanto la Asociación Americana del Cine como la Asociación de la Industria Discográfica Americana les tacharían de piratas. No se puede institucionalizar el derecho a llevar a cabo este tipo de enseñanza creativa porque directamente se considera piratería. Las instituciones pueden educar a los jóvenes y, a lo que me refería al final de mi presentación, era que los jóvenes consideraban la ley como una locura.

Pasé mucho tiempo a principios de los años ochenta en Rusia hablando con chicos que estaban metidos en el mercado negro. Consideraban que la ley era ridícula y se pasaban toda su vida actuando en contra de la misma. Esto es exactamente en lo que se han convertido nuestros creadores en nuestra cultura: comerciantes ilegales. Pero los consumidores consideran que el sistema es ridículo y se niegan a seguirlo, y esto es en lo que más debe preocuparse la sociedad.

Yo soy un personaje al que atacan constantemente porque piensan que soy un radical. Sin embargo, no es así. Cada vez hay más gente que está a favor de la supresión de los derechos de autor porque consideran que es una forma de presión y, de hecho, el movimiento se está extendiendo cada vez más. Yo, por el contrario, no pienso de la misma manera. Estoy a favor del copyright, puesto que lo considero necesario para algunos tipos de creatividad, pero todo tiene un punto medio. Lo que se está consiguiendo es un extremo que resulta destructivo para la creatividad en las posibles industrias.

MANUEL CASTELLS

Larry nos ha hablado sobre el uso de libre acceso a la cultura digital por el bien de la creatividad. Sin embargo, la mayor parte de las personas se dedican a descargar vídeos o música para su disfrute particular.

LARRY LESSIG

Creo que la descripción que acaba de hacer no es del todo exacta. El 57 por ciento de los adolescentes norteamericanos ha creado algún tipo de contenido para colgarlo en la Red y un 33 por ciento cuelga alguna entrada en los blogs cada mes. No quiero decir que no descarguen contenidos de la Web, pero a lo que me refiero es a que las fuentes de contenidos no se van a agotar por mucho que se descarguen. Habría que retomar el tema desde el punto de vista creativo, no como piratería, y así se establecería un nuevo sistema de leyes que beneficiara a ambas partes, de modo que todos saliésemos ganando.

Si lo enfocamos desde otra perspectiva, podríamos preguntarnos: ¿Qué hemos conseguido durante estos diez años de guerra contra la ‘piratería’ en EEUU? Si hace diez años se hubiesen adoptado determinadas propuestas, como una licencia colectiva que permitiese compartir contenidos de forma libre, los artistas habrían ganado más dinero y los jóvenes no habrían pasado los últimos diez años escuchando que son criminales.

A cambio, lo que hemos conseguido por no haber adoptado dichas propuestas en su día ha sido una represión que ha ido cada vez a más, como expulsar a los estudiantes de las universidades por descargar ciertos contenidos o delitos llevados a juicio. En Japón, por ejemplo, unos chicos fueron a la cárcel por colgar unos cómics en Internet. Esta mentalidad a favor de la guerra no ha beneficiado a ninguna de las partes, por lo que deberíamos pensar en lo que estos cambios significan y reestructurar las leyes. De esta forma, todos saldríamos ganando.

PETER HALL

Me gustaría añadir un pequeño comentario. Percibo que todo esto surge por el fenómeno procedente del mundo cultural y de espectáculo de que ‘el ganador se lo lleva todo’. Por ejemplo, cuando hablamos de música, uno de cada 100 millones consigue que su disco sea un éxito. Dicho ejemplo también puede aplicarse a cualquier forma artística. Esto se hace evidente en la industria editorial, en la que la mayor parte de los libros, tanto físicos como digitales, apenas aportan dinero a los editores. Están a merced de una especie de lotería en la que sólo uno de cada mil gana dinero.

En el mundo académico, nos beneficiamos de los antiguos derechos de autor, pero creo que la situación actual es un modelo de sociedad que nos trae sin cuidado. La prueba de ello es que nos pasamos horas y horas descargando contenidos de Internet. Las presentaciones que tenemos en Power Point probablemente sean ilegales en este sentido. Sólo nos damos cuenta de ello cuando nos piden permiso para colgar nuestras presentaciones en algún portal web, y muchas veces respondemos negativamente porque no nos acordamos de dónde hemos sacado esos contenidos. La amplitud de esta actividad es tal que no puede controlarse y, de hecho, la ley no es más que un papel mojado en estos casos. Efectivamente, es un problema muy grave.

LARRY LESSIG

Yo, como abogado aburrido y profesor de Derecho, creo que es un dilema que la gente no haga caso a las leyes y, de hecho, la situación está alcanzando niveles de corrupción muy elevados, tal y como comenté anteriormente. Mi colega Charles Nelson enseña Ética Legal en la Universidad de Harvard y me comentaba la dificultad que entraña el estar delante de sus alumnos enseñándoles ciertas leyes, mientras que éstos pasan la mayor parte de sus vidas dedicándose a cometer actos ilegales, como descargar música o beber siendo menor de edad.

Consideran que las leyes no tienen sentido y empiezan a experimentar la confrontación con el sistema. Personalmente, lo considero muy corrupto. Por otro lado, tiene razón en cuanto al fenómeno en el mercado de ‘el ganador se lo lleva todo’. Los ganadores realmente se han llevado muchísimo. Durante los últimos 30 años, se ha recurrido a este fenómeno. Un ejemplo de ello es la música de la calle, perfecta para crear grandes éxitos musicales.

El grupo musical NSYNC es el ejemplo perfecto. Ninguno de sus componentes sabe componer, por lo que son algunas productoras de música las que se dedican a componer las canciones. Ningún otro grupo musical ha tenido tanto éxito en EEUU como este grupo en el año 2001. Desde entonces, hemos sido testigos del giro que ha experimentado la cultura a la hora de difundirse. Es muy interesante la manera en que los mercados pequeños producen diversidad, a la vez que están empezando a mezclarse. Por ejemplo, si un chico conoce la música brasileña, la sudafricana y la del barrio de Brooklyn, podrá empezar a mezclarlas juntas para obtener otro tipo de música. Y es esto en lo que se centra el sistema de estos pequeños mercados; están creando oportunidades a las que no nos deberíamos resistir sino, más bien, apoyar.

ENTREVISTA: Lawrence Lessig Fundador de Creative Commons

November 3, 2008

“La ley está en contra de la nueva creatividad”

Las leyes que han protegido la creación cultural en los últimos cien años no sirven en la sociedad digital. Es lo que defiende Lawrence Lessig, catedrático de Derecho en Stanford y fundador de Creative Commons, la alternativa más extendida al copyright. En la era YouTube, en que las herramientas creativas están en manos de millones de personas, Lessig defiende las licencias copyleft, en las que el autor decide qué derechos ejerce y qué libertades otorga a sus usuarios.

León Tolstói estaba avergonzado. Su mujer le presionaba para que aceptara el dinero que procedía de sus derechos de autor, pero él creía que no debían ponerse límites, ni precio, a la extensión de sus ideas. “Para mí es un sufrimiento, una vergüenza”, reflexiona en sus Diarios. “¿Por qué debilitar el efecto que podría tener la prédica de la verdad?”.

“Los autores sólo pueden crear con el permiso de los poderosos o de los creadores del pasado”

“Hay que pensar en si el modelo de protección de las obras de Madonna tiene sentido para todos”

Más de cien años después, Lawrence Lessig se declara dispuesto a devolver al autor la capacidad de decidir cómo quiere que se difundan sus ideas. El catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Stanford (EE UU) es uno de los mayores especialistas del mundo en derechos de autor. Aunque Lessig ha sido calificado de “radical” por las entidades gestoras de derechos, él defiende el copyright. Sólo que no cree que sea para todo el mundo.

Con un juego de palabras, Lessig explica que la cultura en el siglo XIX era “regrabable”, ya que los autores creaban apoyándose en las ideas de otros. El siglo XX es de “sólo lectura”, porque la extensión del copyright -en la Constitución estadounidense de 1787 duraba 17 años; ahora, se acerca a los 200- y el hecho de que las herramientas creativas estén en manos de unos pocos convierte a los creadores en consumidores pasivos o en delincuentes que violan la propiedad intelectual. “Los autores sólo pueden crear con el permiso de los poderosos o de los creadores del pasado”, dice Lessig.

El siglo XXI ha cambiado radicalmente las reglas. En la era YouTube, los consumidores se convierten en “recreadores”: el 57% de los adolescentes estadounidenses ha colgado vídeos en Internet y ya hay, por ejemplo, 300 o 400 horas de obras realizadas con pedazos de anime japoneses. “No podemos matar esa creatividad, la ley sólo puede criminalizarla. No podemos hacer que nuestros hijos se conviertan en seres pasivos, llamarles simplemente piratas. Hemos convertido a los creadores en revendedores en el mercado negro”.

La respuesta de Lessig es Creative Commons, un conjunto de licencias flexibles que otorgan al autor la capacidad de decidir qué derechos y libertades acompañan su obra. Lessig (Rapid City, 1961) pasó la semana pasada por Sevilla, invitado por la Fundación Telefónica, para participar en el seminario Creatividad e innovación en la cultura digital.

Pregunta. ¿Por qué creó Creative Commons?

Respuesta. Para entender lo que es Creative Commons [CC], hay que entender el problema que trata de resolver. Las leyes del copyright regulan las copias de las obras pero, en el mundo digital, cada uso individual de cualquier obra crea una copia. Eso significa que, en principio, tienes que tener una licencia para cada uso, aunque seas un niño que utiliza imágenes de Disney para un proyecto del colegio. Sin embargo, muchos creadores no quieren que el control de su obra esté tan restringido; prefieren que la gente haga cosas con su trabajo, que lo copie, que lo comparta, que realice proyectos. Las restricciones del copyright no tienen sentido en este contexto. Es una tragedia que hayamos creado un régimen que concibe la creatividad de millones como ilegal. Y es importante tener este debate.

P. ¿Por qué?

R. Porque la tecnología está cambiando la relación de la gente con la cultura. Hacer un disco o una película estaba reservado a un pequeño grupo de gente, y muchas formas de expresión cultural han acabado siendo desechadas. Lo que las tecnologías digitales han conseguido es que, de nuevo, un montón de gente pueda participar en esta creación cultural. Y en lugar de impulsarlo, la ley está en contra de esta nueva creatividad.

P. ¿Puede haber creación sin industria?

R. No. Y ésta es una de las razones por las que pienso que el copyright es esencial, incluso en la era digital. Nada de lo que hacemos intenta negar la importancia de la industria, pero el modelo de industria tradicional que fue desarrollado en el siglo XX no tiene sentido en el XXI. No es un debate a favor o en contra de la propiedad, es un debate sobre cuál es el régimen que permite a la mayor cantidad de gente posible ser creativa, mientras se protegen los necesarios incentivos comerciales de la industria. Lo que hay que pensar es si el modelo de protección de las obras de Madonna es el que tiene sentido para todas las formas de creatividad del mundo. Es un modelo muy particular desarrollado en un momento muy particular, con un determinado tipo de tecnología. La idea de que debe haber un solo modelo para todos los tipos de creatividad es ridícula. Y CC no es una manera de impedir que la gente explote sus obras; es una manera de ayudar a los autores a decidir cómo hacerlo.

P. Usted menciona en su libro Cultura libre que el problema es que hemos dejado que los más amenazados por este cambio sean los que han desarrollado las leyes.

R. Así es. Uno de los mayores problemas de este tema es la corrupción del sistema, no en el sentido político, sino por el hecho de que la industria cultural ha tenido mucho éxito en crear lobbies.

P. ¿Qué piensa del intercambio de obras creativas por Internet?

R. Espero que la gente no use las redes P2P [de intercambio] para violar el copyright de otros. Lo digo porque no creo que se deban violar los derechos de nadie pero, además, porque esa actividad es la gran excusa que tiene el otro lado para decir “debemos controlar Internet”, haciendo que sea más difícil para nosotros centrar la atención en la actividad creativa, que no debería estar limitada por el copyright. Pero no importa lo que haga la industria. Puede poner barreras técnicas o denuncias, pero no va a detener el intercambio de archivos. ¿Y ha servido para algo esta guerra? Los niños son criminales y los artistas no ganan dinero.

P. En España hay una polémica, la imposición de un canon en cada dispositivo digital susceptible de contener obras creativas, incluidas cámaras fotográficas. ¿Qué opina?

R. No conozco las particularidades de la propuesta española, pero lo que no entiendo del sistema europeo es que aúna lo peor de dos mundos: el sistema americano no impone tasas sobre ningún dispositivo, pero sí intenta controlar las copias, y el europeo puro impone tasas a la tecnología, pero te deja libertad para copiar. Eso significa que si compras un reproductor eres libre de llenarlo con la música que quieras, porque ya pagas. Europa no se decanta por ninguno de estos sistemas: tiene los dos. Tiene el impuesto, pero también las restricciones. Deberías pagar por el copyright una vez, y si pagas un impuesto por los dispositivos, entonces deberías ser libre de hacer copias.

P. ¿Qué le diría a los autores españoles que creen que no hay nada más que el copyright frente a la copia desenfrenada de Internet?

R. Deberían saber que el modo en que están protegidos depende de tecnologías y modelos de negocio del pasado. Por ejemplo, el editor de mi libro Cultura libre pensó que debía estar gratis en la Red. ¿Por qué tiene sentido? Bueno, no es un libro corto, así que el coste de imprimirlo es mayor que el de comprarlo, y el editor pensó que, si lo ponía en la Red, mucha más gente lo conocería y lo compraría. Y el editor no quiere perder dinero. Intenta hacer más.

P. ¿Y funcionó en su caso? ¿Hizo dinero con su libro?

R. Bueno, hice tanto dinero como me prometieron. Y el libro ha sido descargado más de medio millón de veces. Eso es extraordinario para un académico [se ríe].

LA ERA DEL ‘COPYLEFT’

- Creative Commons (CC) permite la copia de una obra en las condiciones que decida el autor. Hay quien, por ejemplo, admite la libre copia, pero no su modificación o uso comercial.- Hay 42 millones de obras protegidas por CC.- Las canciones de Gilberto Gil o David Byrne, las fotos del portal Flickr, los ensayos del MIT y los artículos del periódico 20 Minutos están bajo licencias CC.

La viabilidad económica de las industrias culturales

October 6, 2008

Existe un antiguo debate sobre la necesidad de que el Estado intervenga para garantizar el acceso de toda la población a los bienes y servicios culturales. Más allá de las dife­rentes posiciones políticas e ideológicas, es posible afirmar que hay cierto consenso en colocar algunos límites a los mecanismos de asignación de recursos por parte del mercado, teniendo en cuenta que éstos no aseguran una distribución universal ni equi­tativa de la producción cultural entre los ciu­dadanos.

http://porlanuevaleydecine.blogspot.com/2007/11/la-viabilidad-econmica-de-las.html

“El Estado debe contribuir a que el cine tenga identidad”

October 6, 2008
Jueves, 26 de Junio de 2008
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Una charla con Walter Salles y Lita Stantic

El brasileño y la argentina no pueden dejar de destacar el increíble empuje de las nuevas generaciones de ambos países, que le dan cuerpo a una camada de realizadores que supera toda complicación y se proyecta internacionalmente.

Por Oscar Ranzani
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“Una frase de Godard dice que la TV casi siempre fabrica el olvido y el cine ofrece la posibilidad de una memoria colectiva.”

Hoy se estrena el documental Café de los maestros, que reúne a las mayores glorias del tango en una misma película. Si hay algo que caracteriza a este emprendimiento de envergadura dirigido por Miguel Kohan son los importantes nombres de los productores: Gustavo Santaolalla, Lita Stantic y el cineasta y productor brasileño Walter Salles. PáginaI12 reunió a dos de ellos, Stantic y Salles, para dialogar, más allá de la película, acerca de cómo vislumbran el trabajo de la coproducción en el mercado latinoamericano, el rol que debe tener el Estado en materia cinematográfica, qué reglamentaciones podrían aplicarse para favorecer la exhibición del cine nacional y qué papel juega la televisión en todo esto.

Sobre la ventaja de producir con artistas conocidos, Stantic señala que le gusta mucho el tango, “tengo una gran admiración por estos personajes. Uno siente que, de alguna manera, está quedando en la memoria un registro más (porque hay otros) en una película que me parece realmente muy conmovedora. Pero no sé si son ventajas. Me produce el placer de haber contribuido a que exista una película con el registro de estos personajes tan importantes en la cultura popular”. Salles comenta que para este emprendimiento “necesitaba antes que nada una productora que pudiera ser coautora también del proyecto. Hay quizás una sola productora en Latinoamérica que tiene esa capacidad de pensar el cine, no solamente hacer el cine. Entonces, mi intuición en ese momento fue decirle a Gustavo de convocar a Lita”.

–¿Hay dificultades para el productor cuando tiene que producir una ópera prima?

Lita Stantic: –En Argentina, depende. Hay algunos directores de la nueva generación que ya están muy ubicados internacionalmente y conseguir el dinero para hacer una película no es tan difícil como para un operaprimista que, de repente, tiene hecho un corto. Pero yo creo que, en este momento, hay tantas ópera primas en Argentina que, de pronto, el chico joven tiene una idea, reúne un grupo de amigos que salieron con él de la Universidad del Cine o de otra escuela de cine y se largan a hacer una película en digital. No sé si es más difícil hoy en día producir una ópera prima que producir una película de un director consagrado.

–¿Qué interés como productores les despierta el Nuevo Cine Argentino?

Walter Salles: –Yo pienso que Argentina hace hoy uno de los dos o tres mejores cines del mundo y quizás el mejor cine joven del mundo, junto con la nueva generación del cine chino, encabezada por Jia Zhang-ke y Wang Bing. (Jia Zhangke en la ficción y documental y Wang Bing en el documental.) Pero acá hay no solamente increíbles talentos como Pablo Trapero o Lucrecia Martel, sino también toda una generación intermedia que permanece en actividad y la generación de quienes hicieron posible que estos nuevos directores aparecieran, porque resistieron en un momento muy difícil como fue la dictadura. Es como nuestro caso en Brasil: no existiríamos sin Nelson Pereira dos Santos, sin Glauber Rocha, sin Leon Hirszman. Estos directores que estuvieron en la base del Cinema Novo Brasilero fueron también los defensores de un cine que fue el espejo de una identidad nacional. Hoy en el cine argentino se ve el reflejo de una sociedad en movimiento. Este año había cuatro películas argentinas en Cannes: dos en competencia y dos en la Quincena de los Realizadores. Yo vi tres de ellas y había una representación muy fuerte de una cultura específica. No se puede decir lo mismo de películas que venían de otras latitudes. El cine que estaba en Cannes era un cine joven argentino. ¿Cuántos países pueden decir lo mismo? Prácticamente ninguno. Eso me parece posible gracias a varias cosas: aquí hay también muchos productores en actividad. No es el caso de Brasil, donde los realizadores casi siempre están obligados a producir sus propias películas. Aquí hay un equilibrio muy interesante.

L. S.: –Argentina tiene una fuerte tradición cinematográfica, como México y Brasil. Y hay momentos en que eso hace eclosión en una nueva generación. Pero evidentemente, como de alguna manera dice Walter, hay un pasado y hay técnicos que existen gracias a ese pasado. Aunque hubo momentos de caída, hay otros en que el cine resurge y hemos vivido en estos últimos diez años momentos en que aparecieron nuevos realizadores. Estoy tratando de avizorar qué pasará en los diez años que vienen. Creo que tanto Brasil como Argentina tienen tradición cinematográfica. El cine no surge espontáneamente así porque sí. Acá hay una gran avidez por hacer cine. Evidentemente, somos el país que, en relación con su cantidad de habitantes, tiene más estudiantes de cine.

–Y en la actualidad ya casi no hay películas que no sean coproducidas…

L. S.: –Hay algunas películas que no son coproducidas. Lamentablemente, es bastante difícil que sean totalmente argentinas. Me parece que eso es lamentable, a veces. En este momento, lo que no existen en Argentina son las producciones grandes. Es bastante difícil hacer una película histórica como La patagonia rebelde o Camila porque estamos bastante condicionados por la coproducción, sobre todo con España. Y eso no es bueno. Es bárbaro que exista la coproducción, pero también debería existir la posibilidad de que hayan películas totalmente argentinas porque hay ciertos temas que, de pronto, si no interesan en Europa no se pueden hacer. Estamos cerca del Bicentenario y tendrían que estar haciéndose películas sobre la Revolución de Mayo. Y es difícil interesar a un español.

–¿Qué otras ventajas y desventajas ofrecen las coproducciones en el mercado latinoamericano?

W. S.: –En el caso de Brasil, hay pocos acuerdos de coproducción con otros países. Hay un acuerdo con Francia y también con Portugal, por el tema de la lengua común. Pero eso no siempre funciona. Hay una película portuguesa que se estrena ahora en Brasil y está subtitulada (risas). Por esa escasez de acuerdos, nosotros estamos acostumbrados a hacer películas que son financiadas en Brasil. El setenta por ciento de las películas brasileñas no son coproducciones. Pero nuestro deseo es que exista un acuerdo de producción con Argentina que nos permita ampliar lo que estamos intentando hacer ahora. Café de los maestros es uno de los ejemplos en que un acuerdo de producción fue posible gracias al interés de Petrobras en Brasil, por ejemplo. Nosotros ya participamos en tres películas de Pablo Trapero, por quien tengo una gran admiración. Pablo es uno de los más talentosos de su generación, no solamente en Argentina, sino en cualquier latitud. Pero no hay un acuerdo efectivo entre dos países que son tan próximos. Es un poco como el título de la película de Wenders: Far away, so close (Tan lejos, tan cerca)

–Ese acuerdo, ¿deberían hacerlo el Estado argentino y el brasileño?

W. S.: –Sí, la Secretaría del Audiovisual Brasilero y el Incaa podrían hacer un acuerdo de coproducción como el que nosotros tenemos con el Centro Nacional de Cinematografía de Francia o con el Instituto Portugués de Cine. Eso nos permitiría hacer cinco o seis coproducciones por año. Hay un público cada vez más interesado en Brasil por películas argentinas. Y hay mucha admiración de jóvenes cineastas brasileños sobre esta generación que Pablo Trapero, Lucrecia Martel y otros realizadores representan.

–Lita, ¿la única manera de sostener el financiamiento de una película es a través de coproducciones extranjeras y con subsidios del Estado?

L. S.: –Acá sí, porque no tenemos la ley de desgrabación que tiene Brasil, por ejemplo, que sería otra forma. Para nosotros ese es el medio. La existencia del Instituto es fundamental como base de un proyecto cinematográfico.

W. S.: –Recuerdo una frase de Godard que dice que la televisión casi siempre fabrica el olvido y el cine, cuando es bueno, ofrece la posibilidad de una memoria colectiva. Por eso, no se puede pensar en el cine como un comercio. Por eso es tan importante que haya una política de Estado en relación al cine. Y fuera de Hollywood, no hay un cine que sea el espejo de una identidad nacional sin la participación del Estado. En Brasil esto existe, pero me gustaría que existiera de una forma mucho más afirmativa como es el caso de Francia, donde hay una defensa de un cine plural que va desde el cine de autor hasta uno más popular. Por eso las películas francesas tienen hoy el 50 por ciento del mercado cinematográfico francés. Eso no sería posible sin una política afirmativa del Estado. Junto con una película vienen valores, una visión del mundo. Es por eso que Glauber Rocha decía que un país sin cine es como una casa sin espejo: uno no puede mirarse. Por eso una política de Estado es tan importante para la permanencia de esa memoria colectiva.

 

Las dos pantallas

 

–¿Qué ocurre con el rol de la televisión para coproducir cine?

L. S.: –No existen en nuestro país adelantos de la televisión como existe en Europa, donde el cine se financia con adelantos de la televisión. La TV argentina no compra cine argentino. Interviene en coproducir. Entonces, exhibe su producto pero no compra cine argentino. A lo sumo, lo canjea por espacios de publicidad. La fuente de financiación más grande en Europa son los adelantos de la televisión.

–¿Y por qué acá eso no funciona?

L. S.: –Antes era más factible que la televisión comprara, siempre a precios muy bajos. Creo que hay un problema bastante serio: acá no tenemos una exigencia de cuota de pantalla en la televisión. La TV puede dar producto extranjero enlatado y no dar cine nacional, o dar viejas películas nacionales ya reamortizadas. En cambio, en países como Francia o en la Comunidad Económica Europea existe una cuota de que un cincuenta por ciento de lo que da la televisión tiene que ser europeo. Nosotros no tenemos ese tipo de acuerdo. Si hubiera una exigencia a través de la ley de la televisión para una cuota de pantalla del cine argentino, la TV se vería obligada a comprar y proyectar películas argentinas. Y nuestros jóvenes estarían acostumbrados a ver otro tipo de cine, no sólo productos americanos. Porque lo que pasa con el tiempo es que hay como un acostumbramiento a una forma de contar. Y hoy en día cuando se estrena una película europea uno ve gente de cincuenta y pico de años para arriba como público. A pesar de que hay tantos estudiantes de cine, se va perdiendo el entusiasmo por un cine diverso en las nuevas generaciones. Y eso es bastante grave.

W. S.: –Yo pienso que esto viene de una confusión entre lo público y lo privado en nuestros países. La televisión es antes que nada una concesión del Estado. Entonces, la TV es un bien público y debería ser comprendida como tal. Volvamos al caso francés: allí las televisiones privadas o públicas están obligadas por ley a invertir en producción de cine independiente un porcentaje que, si no me engaño, es del 3 por ciento de lo que reciben en publicidad. ¿Para qué? Para asegurar una pluralidad de información, una pluralidad de miradas sobre el país. Entonces, en la base hay una cuestión que está ligada a una discusión de lo que debe ser la democracia: cómo queremos ser representados. Y pienso que deberíamos ser representados por la forma más plural posible y la televisión debería colaborar para eso. En el caso de Brasil, por ejemplo, eso no existe. La televisión brasileña no tiene obligación ninguna de hacer eso. Pero, ¿cómo no si es un bien otorgado por el Estado?